Estados Unidos redirigirá US$52 millones en ayuda militar que originalmente estaban destinados a países de Europa, África y Medio Oriente para fortalecer la cooperación en materia de seguridad con Colombia, Ecuador, Perú y Panamá, en una nueva señal de la prioridad que la administración del presidente Donald Trump está otorgando al hemisferio.
El Departamento de Estado notificó este martes al Congreso que reprogramará esos recursos, pertenecientes al programa de Financiamiento Militar Extranjero (FMF, por sus siglas en inglés), que habían sido asignados inicialmente a Eslovaquia, Macedonia del Norte, Túnez e Irak.
Por ahora, la administración no ha revelado cómo se distribuirán los US$52 millones entre los cuatro países beneficiarios ni cuánto corresponderá específicamente a Colombia.
Los recursos del FMF son fondos que EE. UU. entrega a países socios para financiar la adquisición de equipos, servicios y entrenamiento militar estadounidense.
Según el Departamento de Estado, la reasignación responde a la decisión de la administración Trump de concentrar más recursos de seguridad en el hemisferio occidental.
En declaraciones a medios, la dependencia sostuvo que los fondos servirán para combatir el “narcoterrorismo” en el hemisferio y contribuir a mantener la seguridad del Canal de Panamá.
“Estos fondos evitarán que adversarios establezcan posiciones estratégicas en nuestro hemisferio”, afirmó, además, el Departamento de Estado, en una aparente alusión a la creciente presencia de China en América Latina.
El giro de Washington hacia América Latina
La dependencia argumentó que la distribución histórica de este tipo de asistencia no corresponde a las nuevas prioridades de la administración y señaló que cerca del 80 por ciento del Financiamiento Militar Extranjero durante la última década fue destinado o asignado a Oriente Medio.
Para Colombia, el anuncio tiene particular relevancia porque se produce apenas una semana después de la visita a Barranquilla del secretario de Estado, Marco Rubio, durante la cual Washington reiteró su intención de incrementar sustancialmente la cooperación en materia de seguridad con el nuevo gobierno del presidente Abelardo de la Espriella.
La administración Trump había anunciado en agosto su intención de movilizar un paquete de hasta US$1.000 millones para respaldar los esfuerzos de seguridad de Colombia, una cifra muy superior a los niveles de asistencia militar que recibe actualmente el país.
Durante su visita, Rubio fue interrogado precisamente sobre de dónde saldrían esos recursos y si tendrían que ser aprobados por el Congreso.
El secretario de Estado respondió que el proceso sí involucraba al Legislativo, pero sostuvo que parte de los recursos necesarios ya estaba prevista en el presupuesto estadounidense.
“Por ejemplo, ya hay fondos en nuestro presupuesto anual para la seguridad en Colombia. Esos fondos ya están ahí. Lo que estamos discutiendo ahora es cómo se asignarán esos fondos y qué necesidades específicas atenderán”, afirmó Rubio en Barranquilla.
El gobierno estadounidense cuenta con diferentes partidas de asistencia exterior y de seguridad ya aprobadas por el Congreso que, bajo determinadas condiciones y mediante los procedimientos correspondientes, pueden reprogramarse hacia otras prioridades.
Eso es precisamente lo que está sucediendo con los US$52 millones conocidos este martes. Los fondos ya existían dentro del programa de Financiamiento Militar Extranjero, pero estaban destinados a otros cuatro países, y el Departamento de Estado ahora notificó al Congreso su intención de trasladarlos a Colombia, Ecuador, Perú y Panamá.
Por ahora, no hay confirmación de que la porción que recibirá Colombia de esos US$52 millones forme parte del paquete de hasta US$1.000 millones mencionado por Washington.
Las prioridades militares de Colombia
La coincidencia, sin embargo, resulta relevante porque la reasignación se produce inmediatamente después de que Rubio explicara en Colombia que la administración estaba identificando recursos existentes y definiendo cómo podrían utilizarse para atender las nuevas necesidades de seguridad planteadas por Bogotá.
Durante la reunión en Barranquilla, De la Espriella presentó a Washington una extensa lista de prioridades militares dentro de lo que su gobierno denomina el “Plan Patriota Siglo XXI”.
Entre ellas figuran la modernización de aviones y radares, la adquisición de drones y sistemas antidrones, helicópteros, sistemas de defensa aérea, movilidad, inteligencia, ciberdefensa, fuerzas especiales y recursos para el mantenimiento y la operatividad.
Rubio confirmó entonces que los departamentos de Estado y Defensa estaban trabajando con las autoridades colombianas para determinar cuáles eran las necesidades específicas y de qué manera EE. UU. podía contribuir.
La decisión, conocida este martes, también refleja un cambio más amplio en la distribución de la asistencia militar estadounidense.
Dos de los países de los que se retirarán recursos, Eslovaquia y Macedonia del Norte, son miembros de la Otán. Túnez ha sido durante años un importante socio estadounidense en materia de seguridad en el norte de África, mientras Irak continúa recibiendo apoyo militar de Washington.
La reprogramación no implica la eliminación de toda la asistencia FMF para esos países, según el Departamento de Estado, aunque hasta ahora no se ha informado cuánto dinero conservará cada uno de ellos.
Para la administración Trump, la modificación responde a una nueva jerarquía de prioridades en la que América Latina ocupa un lugar mucho más prominente, particularmente en la lucha contra las organizaciones narcotraficantes y criminales transnacionales, así como en la competencia estratégica con China.
Rubio visitó la semana pasada tres de los cuatro países que recibirán los recursos: Colombia, Ecuador y Perú, y en los tres casos la seguridad y el combate al narcotráfico ocuparon un lugar central en su agenda.
En el caso colombiano, la decisión constituye, además, una primera muestra concreta de cómo Washington puede comenzar a movilizar recursos militares adicionales mientras ambos gobiernos terminan de definir el alcance y financiación de la nueva estrategia bilateral de seguridad.
SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington – @sergom68