Son miles de colombianos los damnificados por el fuerte terremoto de 7,4 que vivió el pasado 10 de agosto. Según el último reporte oficial del gobierno nacional, el fuerte movimiento telúrico ha dejado 289 personas fallecidas, 4.187 heridas y 143 desaparecidas, mientras que más de 120.328 familias han sido registradas como damnificadas en los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas.
Asimismo, las historias de los rescatados y las familias fallecidas toman gran importancia; entre ellas destaca el testimonio de Carlos Esteban Rebolledo, un hombre de 35 años de edad, que fue rescatado tras permanecer 35 horas bajo los escombros de un edificio en Cali.
Según detalla Carlos Esteban Rebolledo en sus declaraciones, estaba a pocos metros de salir de la unidad residencial cuando una parte de la estructura se desplomó sobre él. Durante horas permaneció bajo los escombros, con una fuerte presión sobre su cuerpo y sin saber qué había ocurrido con el edificio. Relata que en medio de la espera, gritó para intentar ser escuchado, recordó a su abuela y recurrió a las oraciones que ella le había enseñado.
Rebolledo dijo que, cuando ocurrió el terremoto de magnitud 7,4, logró avanzar hasta la recepción de la unidad residencial en Cali. Se encontraba cerca de la salida y estaba a unos cuatro metros de la puerta cuando la estructura cedió.
“Salí al lobby, llegué a la puerta, iba a desactivar la puerta y ahí se me vino todo. Yo casi llego, estuve a cuatro metros de salir. Yo, huevón… cuando, en ese momento, se me cae todo encima”.
En los primeros momentos no comprendió que la unidad residencial había colapsado por completo. Pensó que se trataba de algunas paredes que habían caído sobre él, pero después entendió que se encontraba sepultado bajo una parte de la construcción.
“Yo no sabía que mi unidad se había colapsado. Yo pensé que se habían colapsado unas paredes o algo encima mío, pero no toda la unidad, las torres, huevón”.
La presión de los escombros sobre su cuerpo era intensa. Desde el lugar donde quedó atrapado intentó llamar la atención de los equipos de emergencia y de las personas que se encontraban en la zona.
“Si yo grité mil veces o 500 veces, es poquito. Cuando yo gritaba a las horas y nadie me escuchaba, yo decía dentro de mí: ‘Que me escuche alguien, por favor, de alguna forma, y me saquen de aquí’”.
“Y yo gritaba durísimo: ‘¡Ayúdenme!’”. Sin embargo, sus llamados no eran escuchados con facilidad debido al ruido que había en el lugar.
El propio Rebolledo explicó que, cuando comprendió que los rescatistas estaban intentando localizar a sobrevivientes, trató de permanecer quieto y controlar la respiración. Durante el diálogo posterior al rescate recordó las instrucciones que escuchaba desde el exterior: “Yo estaba muy abajo y ustedes decían mucho: ‘Silencio, silencio’”.
Según explicó uno de los hombres que conversó con él después del rescate, mantener el silencio era necesario para que los equipos pudieran distinguir las voces o señales de quienes permanecían con vida bajo los escombros.
“Para poder escuchar a los que están con vida allá, uno necesita un total silencio, ni respirar. Ahí, ni respirar, quedarse quietos, nada”, relató el hombre.
Mientras permanecía atrapado, Rebolledo también pensó en su abuela y en lo que podía haber ocurrido con ella y con el apartamento. “Y yo pensaba en mi abuela. Y yo decía: ‘Pu**, ¿mi abuela estará viva? ¿El apartamento? ¿Qué pasó? ¿Qué se cayó?’. Pero yo sentía mucha, mucha presión encima. Yo tenía que estar muy abajo”.
En medio de la angustia, el hombre recordó las oraciones y los rosarios que había aprendido de su abuela. Contó que comenzó a rezar mientras esperaba que alguien pudiera encontrarlo.
“Estaba desesperado y empecé a orar unas oraciones que mi abuela me enseñó y unos rosarios, todo el tiempo”.
Entre sus plegarias repitió una petición relacionada con la posibilidad de salir con vida y cambiar su vida después de sobrevivir a la emergencia.
“Dios mío, dame esta oportunidad. Yo salgo aquí vivo y yo cambio mi vida. Tengo fe que me vas a sacar, Dios. Creo en ti, Señor”.
Rebolledo también recordó un pasaje del libro de Jeremías que, según su testimonio, repitió durante el tiempo que permaneció bajo los escombros: “Jeremías 33:3 dice: ‘Clama a mí y yo te responderé y te mostraré cosas ocultas que tú jamás has visto’”.
De acuerdo con el testimonio de Rebolledo, los Bomberos de Bogotá lograron escucharlo durante la noche. Los equipos le pidieron que se comunicara o hablara con fuerza para establecer su ubicación.
“Ellos me decían Juan Esteban, pero mi nombre es Carlos Esteban”. Después, recordó el momento en que pudo responder a los llamados: “‘Comuníquese o hable duro’. Papi, yo grité con todas mis fuerzas: ‘¡Aquí estoy!’. Por ahí a las 11, 12 de la noche”.
La operación de búsqueda permitió ubicarlo entre los restos de la estructura y, cerca de las 3:57 de la madrugada, los equipos de emergencia consiguieron extraerlo con vida. Posteriormente fue trasladado a un centro médico para recibir atención.
¿Por qué los rescatistas necesitan silencio?
Durante una búsqueda entre escombros, reducir el ruido permite a los equipos de emergencia concentrarse en señales provenientes del interior de la estructura. Una voz, un golpe o un movimiento pueden ayudar a establecer la ubicación de una persona atrapada y orientar las labores de extracción. Para estas operaciones también pueden emplearse dispositivos especializados de escucha, capaces de detectar sonidos o vibraciones que no siempre son perceptibles a simple oído.
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