El presidente Abelardo De La Espriella presentó oficialmente durante su primera alocución el Plan Milagro de Reconstrucción, una hoja de ruta con la que busca pasar de la atención inmediata de los damnificados a la recuperación de las zonas golpeadas por el terremoto del 10 de agosto.
La propuesta involucra no solo al Gobierno Nacional, sino también a gobernadores, alcaldes, constructores, entidades financieras y aseguradoras. El ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, estará al frente de su puesta en marcha.
Según explicó el mandatario el lunes, una firma privada calculó que las pérdidas físicas directas en cinco departamentos se acercarían a los 30 billones de pesos. De estos, 24,5 billones corresponderían a daños en edificaciones y 5,5 billones a infraestructura en Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas.
En este sentido, el plan de reconstrucción está dividido en tres fases:
1. Atención y estabilización: resolver las necesidades más urgentes
La primera etapa está concentrada en atender a las familias damnificadas y garantizar que tengan condiciones básicas mientras comienza la reconstrucción.
Esto incluye la atención de las personas que quedaron sin vivienda, la entrega de ayudas y la recuperación inicial de servicios esenciales.
Allí, el Ministerio de Vivienda y los empresarios acordaron conformar un “Batallón de Expertos“, integrado por profesionales especializados que se desplazarán a los territorios para adelantar la evaluación técnica de las viviendas e infraestructura afectadas.
2. Reconstrucción: volver a levantar viviendas e infraestructura
La segunda fase es la que concentra buena parte del esfuerzo del Gobierno: reconstruir las viviendas y la infraestructura que resultaron destruidas o afectadas por el terremoto.
Aquí entra el componente de articulación con el sector privado anunciado por el Gobierno. Constructores, entidades financieras y aseguradoras tendrán un papel en el proceso, junto con las autoridades nacionales y territoriales.
El objetivo no sería únicamente levantar nuevamente las edificaciones destruidas, sino coordinar los recursos y los distintos actores para acelerar las obras.
Esta etapa será también una de las que mayor seguimiento requerirá, por el volumen de recursos públicos y privados que comenzarán a movilizarse.
Reactivación: recuperar la economía de las regiones afectadas
La tercera fase busca que las zonas afectadas no se queden únicamente con infraestructura reconstruida, sino que puedan recuperar su actividad económica y social.
Esto implica avanzar en la recuperación de empleos, empresas, comercio y actividades productivas que quedaron afectadas por el terremoto.
La idea de fondo es pasar de la atención de la emergencia a una recuperación de largo plazo, de manera que las regiones puedan volver a funcionar y generar ingresos.
¿En qué se inspira el Plan Milagro?
El gobierno de Abelardo De La Espriella no parte de cero. Para diseñar la reconstrucción tras el terremoto, tomará como referencia la experiencia del Forec, el esquema creado después del terremoto de 1999 en el Eje Cafetero.
Aquella tragedia dejó 921 muertos, 5.377 heridos y más de 21.000 viviendas averiadas o destruidas. El entonces gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) creó el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero (Forec) para coordinar la recuperación de cerca de 30 municipios afectados.
El modelo combinó una dirección central con una ejecución descentralizada. “Consistía en un gran cerebro central planeador y una serie de trabajos descentralizados que se les iban encargando a las ONG”, explicó a EL TIEMPO el exministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo.
Esa es una de las experiencias que el Gobierno quiere recuperar para la actual emergencia, según explicó De La Espriella en su alocución del lunes. La idea es aprovechar los aciertos del Forec, pero también corregir los problemas que tuvo.
Uno de los principales aprendizajes está relacionado con el control de los recursos. Restrepo señaló que será necesario “reforzar todos los instrumentos de interventoría para evitar focos de corrupción”, un punto especialmente relevante ante el volumen de recursos que tendrá que movilizar la reconstrucción.
El verdadero desafío estará en cómo se ejecuta el Plan Milagro de Reconstrucción. La magnitud de la emergencia obliga a coordinar múltiples entidades y, al mismo tiempo, plantea preguntas sobre quién administrará los recursos, cómo se contratarán las obras y qué controles tendrán las inversiones en medio de la crisis fiscal.
En ese sentido, Restrepo recomendó para el Presupuesto General de la Nación (PGN) de 2027 “prescindir de gastos no prioritarios y conseguir recursos a través de impuestos o préstamos”.
“Se puede reunir el Gobierno con los acreedores para expandir los vencimientos del crédito a fin de descongestionar los años 2027 y 2028”, detalló el exministro.
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