La prestigiosa Corporación Excelencia en la Justicia cumple 30 años de vida. Su presidente, Hernando Herrera Mercado, sentencia que en Colombia, “ el sistema penal ha muerto y es hora de revivirlo”. Y asegura que el presidente que salió “trató de destripar a las altas cortes”, pero que hay que rendirles homenaje por su fortaleza.
En el discurso de posesión del nuevo presidente, Abelardo de la Esprella dijo la siguiente frase. “Ha comenzado el tiempo de recuperar el orden y la autoridad”. Y eso tiene que ver mucho con la justicia. ¿De qué estamos saliendo? ¿Y en donde estamos entrando?
La justicia es tal vez uno de los más importantes pilares de la democracia. Acabamos de pasar un cuatrienio en el que se intentó arrodillar y humillar permanentemente a la justicia. El presidente que salió intentó destripar a las altas Cortes. Incluso tuvo la idea por ahí, en los inicios de su gobierno, de crear una corporación adicional para tomarse la Corte Suprema de Justicia. De allí pasó a una idea que antes habían madurado Lopez Obrador y Maduro, de la elección popular de jueces, lo cual hubiera sido catastrófico. Fue un presidente que, como nunca antes con la justicia, la persiguió y la vilipendió.
Que no se nos olvide que con nombre propio, amenazaba uno a uno a los magistrados que no le daban gusto en sus caprichos. Eso es inadmisible. Lo mismo hizo con la Registraduría, a la que hasta última hora intentó arrastrar al fraude. Afortunadamente al frente estaba ese gran funcionario que es Hernán Penagos, que, a mi manera de ver, nos salvó la democracia.
Claramente el ex presidente Petro atacó a toda la institucionalidad. En el reality que fue su gobierno amenazó a la Registraduría, al Banco de la República, al Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia, a la Constitucional, con actitudes abiertamente autoritarias. Fue un presidente que, además, obligó a organizaciones como esta, la Corporación Excelencia en la Justicia, a solicitar medidas de protección a la justicia ante la Comisión Interamericana.
Pero en esta entrevista no queremos hablar del pasado, sino del futuro. ¿Qué opina del nuevo ministro de Justicia, Iván Cancino?
Creo que es uno de los mejores encogimientos del presidente Abelardo de La Espriella. El doctor Cancino conoce la justicia, ha sido litigante, decano, académico, y además tiene buena cuna jurídica.
!Cómo! Su padre, el penalista Antonio Cancino, fue mi profesor de derecho penal. Y su madre, la doctora Emilssen González de Cancino, es decana de Derecho del Externado.
Ojalá sea un ministro para cuatro años, porque Petro tuvo más de siete. Eso habla de la despreocupación.
Ya el nuevo gobierno comenzó a tomar medidas en concordancia con sus propuestas de campaña: ha ordenado trasladar de sus cómodos “resorts” y “spas” a 117 presos, que entraban y salían entre cárceles y tarimas, y cuando se cansaban de tanta viajadera, organizaban francachelas en sus celdas o “suites”. ¿Cómo irá a funcionar ese replanteamiento carcelario?
Hay que apoyar esa medida del gobierno. La denominada paz total no fue sino un escenario de complicidad para efectos de que los grupos criminales contaran con espacios territoriales. Los resultados apenas los estamos viendo y las tratativas que condujeron a eso seguramente serán objeto de seguimiento judicial, tanto en Colombia como en EEUU. Luego, todas esas medidas resultan convenientes, porque reversan un modelo fallido y en el cual se pretendía no el sometimiento de los delincuentes hacia el Estado, sino el del Estado a favor de los delincuentes.
Sí, esas medidas de autoridad se aplauden, pero a veces requieren labores previas como adecuar o construir más cárceles, reformas al IMPEC…
Los traslados son medidas administrativas, luego es viable desde esa perspectiva utilizarlos. En lo que le asiste toda la razón es en la necesidad de más cupos carcelarios debido a que el hacinamiento es materia urgente. Y también crear más cupos de alta seguridad. Pero existen medidas alternativas, entre tanto se construyen esas cárceles o mega cárceles; por ejemplo, cinturones de seguridad que faciliten el seguimiento del sindicado o del condenado para que esas personas no continúen reincidiendo.
¿Hasta qué punto nuestro derecho penal pasó de ser garantista a beneficiario de delincuentes?
Creemos en un sistema penal garantista. En eso acompañamos a los expertos, pero el problema es que se nos fue la mano. Y ya no solamente es un derecho garantista sino un derecho que favorece a la reincidencia, a la delincuencia y que obviamente también le genera múltiples beneficios a los victimarios en contra de las víctimas.
¿Entonces, a dónde cree que se debe focalizar el nuevo gobierno? ¿Es urgente una reforma al sistema penal? ¿Cuántas veces no se ha diagnosticado eso?
El sistema penal en Colombia ha muerto. Y es hora de revivirlo, porque viene siendo un monumento a la impunidad. Por diferentes circunstancias, no tiene la capacidad de absorción, de soportar y ventilar debidamente las denuncias ciudadanas; pero de otro lado es un sistema farragoso, que además permite múltiples salidas en beneficio del delincuente. Desde otra perspectiva, hay saturación del sistema. Se requieren más fiscales y más jueces, toda vez que, al aumentarse el número de conductas ilícitas que se denuncian, no están dando abasto. Hoy, como está construido, el sistema penal acusatorio motiva la impunidad.
¿Cómo se les da cuerpo a esas válidas inquietudes para que bajo este gobierno se modernice el sistema penal?
Requerimos primero reformas administrativas urgentes, en lo que atañe al interior del INPEC; no para eliminarlo, pero sí para fortalecerlo. Es que mire esta estadística, que resulta preocupante: Hemos tenido en algo así como 32 años desde la creación del INPEC, luego de que se eliminó la Dirección Nacional de Prisiones, más de veinticuatro directores. La vida útil de un director del INPEC es entonces de tan solo un año y tanto. De otro lado, hay atomización de la guardia penitenciaria, porque existen múltiples sindicatos. Desde luego, la libertad sindical es un derecho, pero no puede ir en desmedro de un servicio público. Lo otro es que el sistema penal, ojalá utilizando la tecnología, absorba la fuerza investigativa para hallar a los delincuentes, sobre todo en delitos de alto impacto social. Y hay que darle mayor capacidad operativa a la fiscalía, seguramente por medio de fiscales especializados.
Hablaba usted atrás de incrementar el número de despachos judiciales…
Nos estamos quedando cortos en ese escenario. Seguimos teniendo el mismo número de jueces por cada 100 mil habitantes, en comparación con los que teníamos hace tres décadas y ahora debiendo enfrentar complejos delitos transnacionales.
Es inevitable que hablemos de la JEP, porque el presidente la mencionó en su discurso de posesión…Lo que yo le entendí es que va a respetar lo que hay constitucionalmente sobre su funcionamiento pero creo que tampoco él es partidario en convertir la JEP en un organismo de justicia permanente, pues su concepción está inspirada en la justicia transicional, que es temporal.
En la Jurisdicción Especial de Paz en sus distintas instancias, en particular por ejemplo en la sala de apelaciones, hay una muy buena integración de magistrados. Pero desafortunadamente la JEP se ha quedado corta en la respuesta eficiente a las víctimas. Y se ha demorado muchísimo en los fallos condenatorios, así sean estos meramente simbólicos. Sí es necesaria una reforma a la JEP. El modelo pactado en La Habana es censurable, crítico, pero susceptible de ajustes.
¿Qué le ajustaría a la JEP?
Dos elementos fundamentales. Privilegiaría más el papel de las víctimas, por ejemplo. Es fundamental. Si la JEP no les da respuesta, desafortunadamente es un modelo fallido. Y de otro, hay reclamos válidos en lo que respecta a una eventual asimetría en el tratamiento de las personas que se someten a la JEP. Me refiero específicamente a los ex integrantes del secretariado versus, por ejemplo, los ex miembros de la fuerza pública. Al respecto tiene que haber reflexiones válidas, y creo hay buena actitud de personas sensatas que integran la JEP. Las reformas deben ser armónicas con las víctimas, su nodo central.
No solo a través de condenas simbólicas….
Se requiere una JEP armónica con los derechos de las víctimas porque su papel es fundamental. Hemos encontrado casos de negacionismo de los hechos graves y de crímenes de guerra de la parte victimaria. No voy a mencionar el nombre, pero por ahí anda una señora cercana a esas circunstancias, que hostiga a las víctimas y las denuncia cuando ellas revelan vejaciones a las que fueron sometidas. Yo la bauticé la “farctorcita mentirosa”.
No le voy a preguntar quién es, pero como que creo que sé…Está bueno el apodo. Finalmente, doctor Hernando, le repito la frase del presidente en su posesión: “ recuperar el orden y la autoridad” . Eso también sugiere que posiblemente habrá una mayor actividad ofensiva del Estado para mejorar la capacidad defensiva. ¿Eso no conlleva una mayor vigilancia sobre el respeto a los derechos humanos y una justicia que mejor entienda esa situación?
Tenemos una justicia independiente, autónoma, y ese es el escenario connatural a nuestra democracia. El presidente anterior gobernó bajo el faro de trece emperadores romanos: como Nerón, intentó incinerar las instituciones; como Calígula, nombraba a asnos como asesores principales; y como Heliogábalo se mantenía en fiestas, jolgorios y otro tipo de desmanes, pareciéndose también a Enrique VIII: en estos casos no para que fueran sus predilectas sino para darles contratos. Un gobierno serio requiere respeto a la rama judicial. Tenemos que rendirle respeto a la justicia como elemento fundamental y barrera de contención frente al caos e instinto desestabilizador de estos cuatro años. Reportamos un listado que juiciosamente he venido adelantando para que sirva para la historia. Más de 250 fallos que son ejemplares en defensa de la institucionalidad, pero no porque las Cortes reaccionen a empujones políticos, sino porque precisamente cumplen con su tarea constitucional. Comenzamos una nueva etapa, no para que se hable del gobierno de los jueces, sino del buen tino judicial.
De la institucionalidad en armonía, como usted dice, y que volvamos a recomponer el respeto entre los poderes públicos.
Totalmente de acuerdo. Respeto del Ejecutivo hacia la justicia y hacia la rama judicial. Pero mire el balance del anterior gobierno: siete ministros titulares ni siquiera alcanzaron a tomarse un tinto con los señores magistrados porque esa relación se convirtió en una silla eléctrica; hubo ministros impresentables y hasta también en la secretaría jurídica de presidencia, al parecer, llegó alguien que todavía está en segundo o tercer semestre de derecho, no porque no hubiera sido graduado, sino porque no tenía el menor conocimiento de la ciencia jurídica.
Y usted sigue admirablemente ahí, velando por la excelencia en la justicia…
Este año la Corporación Excelencia en la Justicia cumplirá 30 años de creación, como centro de pensamiento, líder no solamente en nuestro país, sino a nivel latinoamericano. Tendremos unas efemérides con la presencia de autores muy importantes y más de 14 juristas de primer orden a nivel internacional, más las Cortes rindiendo un balance pormenorizado de lo que ha sido su muy brillante gestión en el último tiempo.
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