El gobierno del presidente Abelardo De La Espriella entregó el ‘Libro de la verdad’ a los organismos de control en Colombia para exponer presuntos casos de corrupción y señalar problemas en contratación, ejecución presupuestal y manejo de la deuda, que para el Ejecutivo tienen consecuencias directas sobre las finanzas públicas en medio de la emergencia por el terremoto del pasado 10 de agosto.
José Manuel Restrepo, vicepresidente de la República, es uno de los funcionarios que sostiene ese diagnóstico. En entrevista con EL TIEMPO, habla de los hallazgos, de cuánto podrían representar esos problemas para las finanzas públicas y cómo pretende el nuevo Gobierno corregir los problemas y evitar que se repitan.
¿Qué busca el Gobierno con el ‘Libro de la Verdad’ y qué fue lo que más le llamó la atención de los hallazgos?
Yo creo que este libro es un esfuerzo, primero, de muchas personas: casi 1.300 que le dedicaron tiempo y análisis a la información que existía sobre lo que estaba sucediendo en cada uno de los sectores. Fueron 22 sectores estudiados. Tuvimos unas líneas abiertas donde recibimos quejas de funcionarios o servidores públicos y también de ciudadanos. Tuvimos un equipo élite anticorrupción, con personas expertas en auditoría forense y en materia penal y fiscal, que estuvieron revisando caso a caso lo que íbamos encontrando. Tuvimos interacción con los órganos de control, con la Contraloría General de la República y con la Procuraduría General de la Nación. Recibimos y revisamos caso a caso lo que ellos habían estudiado. Después tuvimos los primeros descubrimientos, ya entrando al Gobierno. A partir de ahí decidimos sacar este libro, el ‘Informe de la Verdad’, para tratar de encontrar patrones de comportamiento críticos de un Estado ineficiente o de un Estado corrupto que rompen totalmente con la función social, para poner de presente esos hechos y que los ciudadanos sepan que este no puede ser el camino para construir una política pública en el país.
¿Cuántos casos encontraron y qué patrones identificaron?
Este libro es apenas la punta del iceberg, porque a partir de ahora todos los ministros y directores de departamentos están revisando uno a uno, contrato a contrato, decisión tras decisión, y vamos a seguir levantando esta información para hacer las respectivas denuncias ante los entes de control. ¿Qué encontramos? Cerca de 80 casos, y digo yo que estos 80 casos son muchos más, porque las alertas que tenemos son más de 300 en este momento. Lo que pasa es que no se convierten en casos hasta tanto no se materialice todo ese ejercicio de auditoría forense. Los agrupamos incluso en nueve categorías, nueve patrones de comportamiento críticos que no deberían existir: abandonar el mérito, saltarse las normas, sistemas de información obsoletos, cifras acomodadas, informaciones incompletas, datos falsos, contratos o recursos concentrados en pocos contratistas, desorden, malas decisiones y riesgo litigioso, pérdida de control territorial, duplicación de esfuerzos de un Estado fragmentado e irresponsabilidad fiscal.
¿Qué ejemplos concretos encontraron?
Uno encuentra cosas como, por ejemplo, en inclusión social, haber agotado a julio de este año el presupuesto asignado para todo el año en Colombia Mayor, lo que pone en vilo a cerca de tres millones de adultos mayores. Eso es una irresponsabilidad profunda, totalmente irresponsable. También está el caso de la reforma agraria, de la que se ha hablado desde hace tiempo, que en el fondo terminó siendo una reforma agraria chimba o falsa, porque se entregó muy poco de lo que se tenía previsto en la meta y lo poco que se entregó ni siquiera tiene títulos. Solo el 7 por ciento de la meta en la entrega de títulos es igualmente vergonzoso. Y se pagaron casi un billón de pesos, por ejemplo, en la Agencia Nacional de Tierras. Uno encuentra ahí hechos que no deberían estar sucediendo en un país como el nuestro. Y así podemos señalar ejemplos en casi cada uno de los sectores.
Usted dice que este es apenas el primer tomo. ¿Qué viene ahora?
Efectivamente, es la punta del iceberg y es el primer tomo porque viene más. Claramente sabíamos que, una vez entráramos al ejercicio de Gobierno, teníamos que hacer una valoración de todos los contratos y las decisiones que se han tomado. Fíjense que solamente ayer (martes) puse de presente otro caso en la Vicepresidencia, de unos recursos que siguieron un proceso contractual que no cumplió todo el trámite que ha debido seguir. Entonces, cada uno de los ministros y las autoridades de cada una de las entidades están haciendo ese barrido uno a uno. Cada una de esas revisiones irá a un equipo élite anticorrupción, seguramente a través de una instancia en cabeza del Ministerio de Justicia y de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado, y a partir de ahí se pondrán las denuncias correspondientes.
¿Cómo funcionará ese proceso de denuncias?
Por eso ayer (martes) hicimos la entrega de este primer tomo a los entes de control, Fiscalía, Procuraduría y Contraloría, porque a través de ellos ya logramos un canal único de recepción de información para que se generen macrocasos sobre lo que estamos viendo en la administración del Estado. Eso es lo que no puede suceder en el Estado. Lo que viene es que cada director y cada ministro, a través del equipo élite anticorrupción, en cabeza de la Agencia Nacional de Defensa Jurídica del Estado y del Ministerio de Justicia, con equipos de personas expertas en contratación, harán las denuncias correspondientes y habrá un canal único de recepción en los tres entes de control.
Ustedes señalaron una nómina paralela de hasta 900.000 personas. ¿Tiene relación con el crecimiento de la economía impulsado por el gasto público?
Absolutamente tienen que ver. El crecimiento que tenemos es un crecimiento no sostenible, a punta de contratos de burocracia estatal, de corbatas. Ya nos hemos encontrado corbatas absurdas, es decir, personas que fueron contratadas, algunas de las cuales ni siquiera asistían a sus actividades laborales. Pero el punto es que eso ha generado un profundo déficit. Por eso pusimos también de presente en el ‘Informe de la Verdad’ un manejo fiscal muy irresponsable, donde la deuda comprometió las finanzas del país, porque se elevó el límite de adjudicación de emisión de deuda pública del 50 al 100 por ciento en títulos TES y, obviamente, el costo de esa deuda prácticamente se duplicó con respecto a 2022. Entonces, el problema es que estamos en un golpe silencioso al bolsillo de los colombianos a punta de exceso y derroche fiscal. Eso, en gran parte, es el resultado de este tipo de nóminas paralelas que fueron encontradas en ese ejercicio. Y vamos a seguir encontrando, porque lo que estamos viendo es que había una cantidad de personas contratadas; algunos incluso siguen allí contratados, pero eso no lo podemos permitir en un Estado.
¿Cómo se puede enfrentar ese escenario fiscal del anterior cuatrienio al mismo tiempo que el país debe responder a la emergencia provocada por el terremoto?
La realidad es que la tragedia que estamos viendo es una tragedia gigantesca. El Presidente ha hecho una primera estimación del orden de 30 billones de pesos. Yo ayer (martes) estuve en el suroeste, anteayer (lunes) estuve en Pereira; se estimaba en por lo menos 10 billones de pesos solamente lo requerido para Pereira. Aquí en Caldas se estima en casi 2 billones de pesos. Entonces, cuando uno piensa en sumar, las necesidades van a ser gigantescas. Y simultáneamente uno encuentra las finanzas públicas desfasadas, en donde el nivel de deuda pública ya no da espacio. De hecho, incluso si usted revisa lo que ponemos de presente en el ‘Informe de la Verdad’, el margen de espacio de deuda local nunca lo habíamos tenido tan bajo. Es decir, hay casi una utilización del 94 por ciento. Normalmente, a esta fecha, era del 40 por ciento. Es una cosa increíble: no dejaron espacio de deuda pública.
¿Qué implica eso para la capacidad del Gobierno de atender la emergencia?
Significa que, aparte de que el déficit fiscal ha crecido de manera desbordada y que la restricción de caja es gigantesca, simplemente los recursos son muy limitados para enfrentar esa emergencia. Ahí es donde aparece la necesidad de esta emergencia económica. Es una combinación entre, por un lado, el desastre fiscal y, por otro lado, una tremenda afectación fruto del movimiento telúrico. Eso significa que va a ser indispensable un trabajo importantísimo en esa declaratoria de emergencia económica, con un agravante adicional: la unidad que, en teoría, iba a salvar esto, que es la que tiene que administrar estos riesgos y estos desastres, la UNGRD, encontramos que había tenido muy poca capacidad de ejecución en sus cuatro años, del orden del 4 por ciento. Y hay giros por 1,8 billones de pesos sin ninguna urgencia y se perdió el rastro de casi 1,38 billones de pesos. Eso se lo pusimos de presente a los órganos de control.
Ustedes han estimado que los problemas señalados en el ‘Informe de la Verdad’ pueden representar cerca del 7 por ciento del PIB. ¿Cuánto dinero significa eso?
Más o menos el 7 por ciento del PIB puede significar algo así como entre 140 y 150 billones de pesos.
Algunos sectores han interpretado la presentación del ‘Informe de la Verdad’ como una forma de mirar hacia atrás y poner el “espejo retrovisor”. ¿Qué responde?
Lo primero: no se trata de espejo retrovisor, pero sí se trata de que los colombianos sepamos la verdad sobre cuál fue el manejo de los recursos públicos, porque al final es el recurso de cada uno de nosotros. Cada uno de nosotros pagó sus impuestos y esos recursos fueron mal administrados. Claramente, no es un espejo retrovisor, porque aquí lo que estamos es dándole una solución a los problemas. Es decir, aquí no venimos a llorar sobre la leche derramada, sino a trabajar en el futuro del país. Y eso es lo que hemos venido haciendo desde el primer día en que arrancamos como Gobierno, incluso antes, con todo lo que hicimos a nivel internacional y en el análisis que hicimos sobre cada una de las necesidades del país. Entonces, el hecho de que estemos trabajando en las soluciones no significa que no pongamos de presente los problemas, y ese tiene que ser un compromiso de aquí en adelante.