Marcaron las 7:34 de la mañana del 10 de agosto cuando un movimiento telúrico se sintió en gran parte de Colombia, un sacudón que paralizó a varios departamentos y que, según relatan, no cesó hasta las 7:39. La Red Sismológica informó que este terremoto duró entre 90 segundos y dos minutos.
Cuando la tierra dejó de moverse, los medios comenzaron a reportar que había sido un temblor fuerte, pero nadie imaginaba que se trataba de un terremoto que dejaría más de 290 víctimas, 3.494 heridos y 496 desaparecidos, según la última cifra entregada por el presidente Abelardo De La Espriella.
Las imágenes y videos hablaban por sí solos. Lo que parecía un sismo común se transformó en tragedia: la Catedral de Manizales perdió gran parte de una columna, un edificio en la avenida Santander frente a la Universidad Católica colapsó y quedó registrado en una pieza audiovisual.
Al principio se habló de un movimiento de magnitud 6,4, pero oficialmente se confirmó una hora después que el terremoto fue de 7,4, con una profundidad de 96 kilómetros y epicentro en San José del Palmar, Chocó. Desde ese momento todo se convirtió en una carrera contra el reloj para descubrir qué partes del país estaban más afectadas.
Al llegar la información concreta se pudo evidenciar que se trataba del terremoto más fuerte registrado en Colombia en el siglo XXI. El país no vivía un sismo de tal magnitud desde la tragedia de Armenia en 1999, cuando un movimiento de 6,1 dejó miles de víctimas y marcó la memoria nacional.
Las autoridades confirmaron que fueron nueve departamentos los afectados, y poco a poco se mostró que el Chocó, el Eje Cafetero y el Valle del Cauca fueron los epicentros más destruidos.
La dimensión de la tragedia comenzó a mostrarse en redes sociales: cementos caídos, concreto destruido, edificios derrumbados y columnas de humo.
Ha sido una semana de momentos desgarradores, historias de sobrevivientes, damnificados pidiendo ayuda, familias durmiendo en colchonetas frente a sus casas destruidas para evitar robos, y olores fétidos que emergían de los escombros donde permanecían cuerpos atrapados.
Pereira: ciudad incomunicada y herida
Pereira fue una de las ciudades más afectadas. La comunicación se perdió y no había forma de saber cómo estaba la comunidad. En este municipio se reportaron 96 fallecidos, 260 desaparecidos, 260 rescatados y 66 edificaciones con colapso total.
De allí surgieron muchas historias de dolor y heroísmo, como la de Daniela Largo, una mujer de 32 años que permaneció más de 36 horas bajo los escombros del hotel Dibeni. Su hijo la esperaba para celebrar su cumpleaños.
Los rescatistas hicieron una gran labor: pidieron silencio, levantaron las manos para indicar señales de vida y excavaron tres veces hasta sacarla.
Los aplausos y gritos de emoción fueron de gloria. Daniela sobrevivió, pero su estado es delicado: sufrió un paro cardiorrespiratorio y fue reanimada durante 17 minutos.
Su padre relató entre lágrimas que “el doctor no me dio esperanzas, me dijo que tenía que suceder un milagro.Tiene comprometido el corazón, funciona al 20%; tiene problemas de hipertensión, un pulmón comprometido y tiene una gangrena que le atacó el brazo. Esa sangre retenida circuló y le causó daños en el cerebro, corazón, riñones e hígado”.
Lamentablemente, Daniela murió, luchó por su vida tres días en una UCI, pero tenía falla orgánica.
Mientras esto sucedía, en Cali el panorama era similar o peor. Allí, aunque las cifras varían cada día, se reportan 110 muertos, 115 desaparecidos, 88 rescatados, 1.410 heridos y 46 edificios en colapso total.
Los edificios donde más víctimas han sido encontradas son las Torres del Limonar, entre los barrios Capri y Nuevo Rey, en el sur de Cali (comuna 17); el edificio María Elvira Lloreda en el barrio Cuarto de Legua (comuna 19); el edificio Vanessa en el barrio Los Cámbulos (comuna 19); el conjunto residencial Ariguaní en el barrio El Refugio (comuna 19); y el edificio Marisol en el barrio Tequendama (comuna 19).
La historia más desgarradora que ha tocado el corazón de los colombianos fue la de la familia Saavedra Caicedo, compuesta por los padres, sus tres hijas trillizas, un tío y su perro Uci. Todos murieron, menos Ana María, la única hermana sobreviviente, quien se encuentra en un centro asistencial. Incluso se habla de que ella se convirtió en la Omaira de este terremoto.
Seis horas antes de ese fuerte movimiento de 7,4 que sacudió a Colombia, Jairo Hernán Saavedra, padre de las trillizas, le habló a su amigo DJ Prilla y le contó de una canción que le gustaba y que quería que estuviera en su lápida. Se trataba de Brilla.
“El día en que me muera la quiero en mi lápida”, dijo entre bromas, mientras su amigo le respondía que no se iba a morir pronto y que aún le quedaba mucho por vivir.
Nadie imaginó que a las 7:34 de la mañana del lunes, el terremoto de magnitud 7,4 los sorprendería.
Dos días después, los rescatistas confirmaron la noticia: Jairo y su esposa, Victoria ‘Vicky’ Caicedo, aparecieron abrazados bajo los escombros. En ese momento, Sofía Saavedra Caicedo, una de las trillizas, ya había aparecido muerta, y se mantenía la esperanza de recuperar con vida a Isabella, otra hermana.
“Chava, Ana María te necesita, da señales de vida, tienes que ser fuerte”, decía una amiga de las trillizas a través del megáfono, su voz entrecortada convertida en aliento de vida para Isabella, la única hermana que faltaba por salir del edificio.
Pero el jueves, cuatro días después del terremoto, sobre las 6:30 de la tarde, se apagó la esperanza de que Ana María no quedara sola: apareció su otra hermana, Isabella, enterrada y muerta bajo los escombros.
Ana María se convirtió en la única sobreviviente del edificio. Sacaron a 16 personas sin vida y ella, en el hospital, ya sabía la realidad: se quedó sola. Viendo la magnitud del derrumbe de su inmueble, comprendió que su vida tiene un propósito más grande y asimila con dolor, pero con fuerza, la noticia de que debe comenzar sola una vida nueva.
“Está recuperándose de su cirugía, esperamos que pronto le den de alta. Ella comenzó a gritar y la llevaron a un centro asistencial. Tuvo fractura de un brazo y de la pelvis. Ella fue consciente de la magnitud en la que salió. Estaba en la salida del apartamento, quedó afuera, y los demás quedaron en las habitaciones y escaleras”, relató Carlos Saavedra, primo de las trillizas.
LOS NIÑOS, OTRAS VÍCTIMAS DEL TERREMOTO
Mientras se iban asimilando los graves y preocupantes daños que sufrió el Eje Cafetero, el Valle del Cauca y el Chocó, seguían llegando noticias dolorosas. Esta vez se trataba de los niños.
En Calima-El Darién se confirmó la muerte de Anthony Ríos Gómez, María José Lozada Torres, Emanuel Bastidas Arredondo y Jesús Muñoz Quinceno, menores de entre 6 y 8 años de edad. Los niños estaban estudiando cuando un muro se desplomó sobre la sede María Inmaculada del Gimnasio Calima.
En Yumbo, murieron dos niñas en la sede Panorama del Instituto Educativo Gabriel García Márquez. Las víctimas fueron identificadas como Luciana Moreno Flórez y Niela Nicol Vernaza Corrales.
En el Chocó, se conoció la muerte de Mateo Valencia, hijo del alcalde de Bahía Solano. El menor falleció luego de que un edificio colapsara y quedara atrapado bajo los escombros.
Otra historia que ha impactado fue la de Violeta Guerrero, quien estaba desaparecida y era buscada desesperadamente por su familia. Violeta había decidido pasar sus vacaciones en Cali junto a su abuela Amparo Jaramillo, de 71 años.
Ambas se encontraban en el Conjunto Residencial Guadalupe cuando ocurrió el terremoto y los escombros las sepultaron. Violeta, de 7 años, y su abuela permanecieron reportadas como desaparecidas, hasta que finalmente fueron halladas sin vida el 12 de agosto.
Hasta el momento, se reportan 100 casos de niños desaparecidos y 654 menores han recibido acompañamiento psicológico.
Los periodistas viven su propia tragedia
El periodismo suele encargarse de narrar las tragedias ajenas, pero esta vez varios comunicadores tuvieron que enfrentar en carne propia el dolor del terremoto en Cali y Pereira. La muerte de sus familiares convirtió a los reporteros en protagonistas involuntarios de las historias que solían cubrir.
El primero de ellos fue el periodista José Fernando Patiño, quien mantenía la esperanza de que su padre, Darío Patiño Rivera, estuviera con vida bajo los escombros de un edificio en el barrio Capri, al sur de Cali.
Tras dos días de intensa búsqueda, los rescatistas hallaron el cuerpo sin vida del hombre de 78 años. Con lágrimas,
Patiño agradeció la labor de quienes arriesgaron su vida en el rescate y lamentó la noticia que lo marcó para siempre.
Otro caso estremecedor fue el de Carlos Andrés Aponte, periodista caleño. Durante tres días aguardó noticias de sus padres y su sobrina, atrapados bajo una estructura colapsada.
Finalmente, se confirmó que habían muerto intentando refugiarse en el baño. Apunte relató en redes sociales que se salvó porque estaba en Bogotá al momento del sismo.
Los rescatistas encontraron al abuelo protegiendo con su cuerpo a la niña, una imagen que resume la tragedia y el amor en medio del desastre.
La tercera historia es la de Jorge Tobón, reportero acostumbrado a cubrir emergencias, pero que esta vez llegó no como periodista sino como esposo desesperado.
Su compañera de vida, Ana Ludivia Bernal, murió sepultada en Cali cuando el edificio donde vivían se desplomó.
Tobón relató que ambos estaban en el gimnasio antes del terremoto; ella decidió regresar a casa mientras él terminaba su rutina. Quince minutos después ocurrió el movimiento telúrico.
Tres días más tarde, halló a su esposa sin vida entre los escombros.
Chocó, el lugar del epicentro
El Chocó fue el departamento donde se originó el epicentro del terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a toda Colombia el pasado lunes. Las autoridades concluyeron las labores de búsqueda en varios municipios y entregaron un balance oficial el 12 de agosto a las 6:00 p.m.: 13 personas fallecidas, 182 heridas, 8.056 damnificadas, 1.144 viviendas destruidas y 29 municipios afectados.
Este territorio, históricamente golpeado por la pobreza, sufrió con mayor crudeza los efectos del sismo. La fragilidad de sus viviendas, en su mayoría construidas en madera y materiales livianos, incrementó la devastación frente al movimiento telúrico.
La magnitud de la tragedia motivó el envío de cientos de ayudas humanitarias, no solo desde otros departamentos del país, sino también desde organismos internacionales, que buscan atender a las comunidades más vulnerables y facilitar la reconstrucción.
Los animales y el desamparo
Otro capítulo de la tragedia que enluta a Colombia es el rescate de los animales, especialmente perros y gatos, que quedaron atrapados bajo los escombros. Cientos de videos han conmovido a los ciudadanos, mostrando cómo estos seres luchan por sobrevivir en medio del desastre.
Aunque no existen cifras exactas de cuántos fueron salvados o fallecieron, la preocupación se extiende también a los refugios: muchos quedaron destruidos y dejaron sin hogar a animales que ya vivían en condiciones de abandono.
Las imágenes revelan historias desgarradoras: algunos animales perdieron a sus dueños, otros resultaron gravemente heridos y varios fueron salvados por las mismas manos que intentaban protegerlos.
Entre esas historias destaca la de Lenny Fernández, abogada de 39 años, oriunda de Pasto y residente en Cali.
Su caso se convirtió en símbolo de amor y valentía. Fue hallada sin vida bajo los escombros, pero su cuerpo estaba cubriendo a Salomón, su perro inseparable, al que protegió hasta el último instante.
El gesto de Lenny trascendió como un acto de entrega absoluta. Salomón sobrevivió gracias a ella y fue trasladado a Pasto para acompañar el último adiós de su ama.
En el funeral, el animal permaneció junto al ataúd, llorando como si entendiera que la abogada ya no estaría más a su lado. La escena, difundida en redes sociales, se convirtió en símbolo de la conexión profunda entre humanos y animales, y de cómo incluso en medio de la tragedia, el amor puede salvar una vida.
Los anuncios de Abelardo De La Espriella
El inicio del gobierno de Abelardo De La Espriella no fue nada fácil. A dos días de posesionarse en Cali, Colombia se sacudió. Cada día el presidente electo ha anunciado apoyo a las víctimas, preocupación por la recuperación de las edificaciones y ha lamentado el dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos.
El presidente presentó los primeros anuncios de su gobierno tras el terremoto de magnitud 7,4 que golpeó al país, con un paquete de medidas que busca atender la emergencia y preparar la reconstrucción.
En primer lugar, decretó desastre nacional y emergencia económica, lo que permite movilizar recursos de manera inmediata y expedir decretos con fuerza de ley para agilizar la atención. Con ello se creó la Subcuenta Sismo 2026, un fondo especial para centralizar los dineros destinados a la reconstrucción y asistencia de los damnificados.
El mandatario también anunció la creación del Fondo Milagro, que recibirá aportes nacionales e internacionales. En paralelo, se activó un crédito de 450 millones de dólares con el Banco Mundial, además de compromisos de cooperación por más de 1.300 millones de dólares de organismos multilaterales. Países como Estados Unidos, Japón, México y Brasil ofrecieron ayuda humanitaria y equipos de rescate.
En el plano social, el gobierno dispuso subsidios de arriendo para las familias que perdieron sus viviendas, la exoneración temporal de servicios públicos en las zonas más golpeadas y el aplazamiento de la declaración de renta en los departamentos afectados. De La Espriella subrayó que no habrá nuevos impuestos, sino alivios para dar oxígeno financiero a los damnificados.
Finalmente, el presidente decretó tres días de duelo nacional en memoria de las víctimas y aseguró que el Chocó será prioridad en la atención, por ser el epicentro del sismo y una región históricamente vulnerable. Con la instalación de Puestos de Mando Unificado en Cali, Armenia y Quibdó, el gobierno busca coordinar la respuesta y garantizar que la reconstrucción llegue a las comunidades más afectadas.
Los héroes, los rescatistas y las ayudas
El terremoto que no se veía en Colombia desde 1999 volvió a estremecer al país y convirtió a los rescatistas en héroes anónimos. Son hombres y mujeres que han pasado horas, noches enteras y días completos entre los escombros, buscando sobrevivientes y devolviendo esperanza en medio de la devastación.
La magnitud del desastre movilizó manos y corazones. Desde la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, junto a la Cruz Roja Colombiana, la Defensa Civil y los Bomberos, se organizaron brigadas en Cali, Pereira, Manizales y Quibdó. El Ejército Nacional y la Policía se sumaron en labores de búsqueda y remoción de escombros, mientras los centros de acopio recibían donaciones de alimentos, frazadas y medicamentos.
La solidaridad también llegó desde fuera: equipos especializados de México, Ecuador, Brasil, Estados Unidos, Japón y Turquía arribaron con experiencia en rescates urbanos y unidades caninas entrenadas. Organismos multilaterales como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ofrecieron apoyo financiero para la reconstrucción. Universidades, iglesias y comunidades locales abrieron espacios para refugiar a damnificados y animales rescatados, mostrando que la tragedia también despierta gestos de humanidad.
Hoy la preocupación no solo es seguir encontrando vidas bajo los escombros, sino enfrentar el reto mayor: la reconstrucción de miles de viviendas y el futuro de quienes sobrevivieron, pero lo perdieron todo. La crónica de este terremoto no se escribe solo con cifras, sino con la fuerza de un país que intenta levantarse entre ruinas.
MELISSA MÚNERA
REDACCIÓN NACIÓN- EL TIEMPO
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